martes, 31 de julio de 2012

LA REDUCCIÓN DE MUNICIPIOS: UN PASO MÁS EN LA RECONSTRUCCIÓN DE LA MEGAMÁQUINA

José Manuel Pérez Rivera, miembro del 15m ceutí

Aprovechando la crisis económica que asola a los países periféricos de la UE, los gerifaltes comunitarios quieren dar un paso gigantesco en la reconstrucción de la megamáquina. Para conseguirlo, se han marcado como objetivo prioritario la reducción de los municipios en estos países, tarea que han iniciado con gran celeridad los gobiernos de Portugal, Grecia e Italia. Ahora le ha llegado el turno a España, donde dicen que tenemos una estructura demasiado atomizada e ineficiente, con 8.116 ayuntamientos, de los cuales cerca del 80 % cuentan con menos de 5.000 habitantes. La idea de reducir el número de municipios en nuestro país cuenta con importantes apoyos entre el mundo empresarial y financiero, así como en algunos partidos políticos, como es el caso de UPyD. Esta agrupación  ha hecho de la centralización del poder político uno de los ejes de su discurso, atacando sin descanso la transferencia de competencias hacia las comunidades autónomas. Un mensaje que ha calado entre un amplio sector de la sociedad española, cansada de tanto despilfarro y absurda ostentación de poder por parte de los gobiernos autonómicos.  
            El Presidente del Gobierno español, el Sr. Rajoy, explicó en su intervención en el Congreso de los Diputados,  para explicar los nuevos recortes impuestos por UE, que su  gobierno se había marcado como “objetivo esencial la racionalización y sostenibilidad de la Administración Local”. Para conseguirlo anunció que  “delimitarán las competencias de cada Administración, se soluciona el problema de las competencias impropias para que los ayuntamientos no puedan prestar servicios para los que no se cuenta con la financiación necesaria y se refuerza el papel de las Diputaciones Provinciales con el fin de centralizar la prestación de servicios”.  Hemos querido resaltar la palabra “centralizar”, ya que este es el concepto clave en este proceso de reducción de municipios y el que sirve de enlace con la idea de la megamáquina desarrollada por Lewis Mumford. Una megamáquina cuyo principal objetivo es la centralización absoluta del poder.
Según explica con detalle Mumford en los dos volúmenes del “Mito de Máquina” (editados por Pepitas de Calabaza), el desarrollo de la humanidad se ha visto condicionado por el surgimiento de lo que denominó la megamáquina, “una máquina arquetípica, compuesta de partes humanas”, dirigida por un dirigente supremo que disponía de una “burocracia rígidamente organizada compuesta de un grupo de hombres capaces de transmitir y ejecutar una orden con la minuciosidad ritualista de un sacerdote y la irracionalidad obediente de un soldado”. La primera megamáquina de la historia fue el Egipto faraónico. Su declive también arrastró  a la megamáquina que no llegó nunca a disolverse del todo, aunque sus componentes se separaron.
Para Mumford, la reconstrucción de la vieja máquina invisible tuvo lugar en tres etapas principales, a intervalos prolongados. La primera etapa estuvo marcada por la Revolución Francesa que si bien acabó con la monarquía dio lugar a un poder abstracto aún más poderoso: El Estado-nación. Una segunda etapa se abrió en 1914 con la Primera Guerra Mundial. Y finalmente, entre 1940 y 1961, emerge la megamáquina modernizada, “dueña de unos poderes de destrucción totales”. Una máquina de componentes humanos que tiene como principales funciones el incremento  de la velocidad, la producción en masa, la automación, la comunicación instantánea y el control remoto.
Precisamente, este control remoto que se propone la megamáquina se consigue a través de la centralización del pentágono del poder (poder o energía, propiedad, productividad, publicidad y prestigio). Alcanzado el poder, la megamáquina, en su forma de Estado omnipotente y omnipresente, dedica todo sus esfuerzos, según Mumford, “a acosar, suprimir o destruir a las instituciones rivales” (ayuntamientos, sindicatos, minorías étnicas, movimientos sociales discrepantes, etc…), ya que la megamáquina “es un elefante que le tiene miedo incluso al ratón más pequeño”. Los municipios son, tal y como expresó Albert Camus en “El hombre Rebelde”, “la negación, en provecho de lo real, del centralismo burocrático y abstracto”, de ahí el afán del complejo del poder tecnoburocrático de la UE de aniquilarlos. Por ello, Mumford apremiaba “a reconstruir grupos y agencias descentralizados y semiautónomos, si es que no independientes, como práctica de seguridad imperativa, así como condición esencial para la participación humana responsable”.
Ni que decir tiene que la megámaquina, con su imparable proyecto de acaparación del poder, es incompatible con la democracia. Un sistema político que, según Takis Fotopoulos, “no significa otra cosa que el ejercicio directo del poder por parte del ciudadanía, o lo que es lo mismo, la autodeterminación de la sociedad mediante la distribución igualitaria del poder entre todos los miembros”. Si atendemos a este definición de la democracia, nuestros municipios dejaron hace mucho tiempo de ser democráticos. Tendríamos que remontarnos al periodo comprendido entre los siglo XI y XIV para encontrar con auténticas formas de gobierno democrático, periodo que coincide con el pleno auge del llamado Concejo Abierto. Durante el desarrollo de los concejos o concilium abiertos, los vecinos de las ciudades y pueblos de la repoblación eran considerados hombres libres e iguales que se reunían en asambleas para debatir y acordar por consenso la política en sus respectivos territorios. Poco a poco fueron perdiendo este poder a favor de los monarcas y sus secuaces. Desde entonces, -y aunque el sistema del concejo abierto aún perdura en la legislación española como forma de gobierno municipal para los ayuntamientos de menos de cien habitantes-, nuestros municipios han seguido un rápido progreso hacia la concentración de poder en manos de las oligarquías locales, a cuya cabeza se erigen nuestros célebres caciques. Ahora los caciques están integrados en la estructura de los grandes partidos nacionales que les han amparado y dado alas. Y estos siguen haciendo lo que han hecho siempre: fomentar el clientelismo, colocando en las plantillas de los ayuntamientos a sus familiares y adláteres; favorecer a los amigos y hacer la vida imposible a los díscolos del pueblo; disponer del patrimonio común para enriquecerse mediante la especulación del suelo; acaparar la economía local para su exclusivo beneficio; idiotizar y embrutecer al pueblo manteniendo tradiciones incompatibles con el respeto a los animales y la sensibilidad humana; impedir la difusión de la cultura entre la ciudadanía y despreciar la educación de los sector menos favorecidos de la sociedad. Todo esto es lo que ha llevado a la ruina económica a los ayuntamientos españoles y ha puesto en cuestión la propia continuidad del único sistema de gobierno compatible con la verdadera democracia. Quieren quitar poder a los ayuntamientos en beneficio de las diputaciones para que personajes como el Sr. Carlos Fabra le siga tocando la lotería todos los años y puede continuar con la tradición familiar de acaparar el poder en la región alicantina.
En 1977, la editorial Blume publicó una edición española de la conocida obra de Murray Bookchin titulada “los límites de la ciudad”. En la prólogo a esta edición, Bookchin manifiesta su coincidencia con la opinión de J.Pitt-Rivers para quien “la palabra española pueblo traduce la griega polis con exactitud superior a la que cualquier vocablo inglés, pues esta comunidad no constituye meramente la unidad geográfica y política sino también la unidad social que trasciende todos los contextos”. A pesar del problema del caciquismo que hemos comentado con anterioridad, -que Bookchin denuncia aludiendo a las diferencias de clase que observó de manera directa en muchos pueblos españoles-, este conocido anarquista americano no ahorra elogios sobre el fuerte sentido de solidaridad y cooperación de los pueblos españoles. Pueblos conformados, en palabras de Bookchin, por “individuos de poderosos ideales, dignidad y seguridad en sí mismos; consecuencia directa de unas comunidades coherentes e intrínsecamente orgánicas”. Frente a las megalópolis de EE.UU, -resultado directo de la última etapa del resurgimiento de la megamáquina-, Bookchin sitúa a España nuevamente “en centro de atención mundial como país en el que los ideales de descentralización, escala humana y auto-administración fueron un día realidades tangibles… Este mundo se siente fascinado no por una España prendida en la trama de las maniobras parlamentarias o hipnotizada por la leve apariencia de libertad política sino, más bien, por el pueblo español que, a través de los movimientos sociales, sindicatos y colectividades agrícolas, dio vida  a una visión libertaria que, instintivamente, informa en nuestros días toda la lucha coherente por la libertad humana y la regeneración cívica”.  ¿Encontraremos un argumento mejor para luchar por la supervivencia de nuestros pueblos? ¿Dejaremos perder la única oportunidad que nos queda para frenar el ensamblaje definitivo del complejo de poder?¿Defraudaremos a quienes vieron en los pueblos españoles la última esperanza para la regeneración del ideal democrático?.

lunes, 30 de julio de 2012

LA LUCHA ENTRE MEDIODÍA Y MEDIANOCHE

José Manuel Pérez Rivera, miembro del 15M ceutí

Resulta fascinante comprobar la clarividencia y lucidez con la que autores como Albert Camus diagnosticaron los problemas de Europa. En su conocida obra “El Hombre Rebelde” (1951), Camus comentaba que “el conflicto profundo de este siglo (refiriéndose claro está al pasado siglo XX) puede que no se establezca tanto entre las ideologías alemanas de la historia y la política cristiana, que de cierta manera son cómplices, cuanto entre los sueños alemanes y la tradición mediterránea”. Este conflicto había tomado cuerpo en varios enfrentamientos ideológicos, como el que tuvo lugar durante la Primera Internacional. Para Albert Camus este encuentro supuso la lucha del socialismo alemán “contra el pensamiento libertario de los franceses, los españoles y los italianos”, es decir, el enfrentamiento “entre la ideología alemana y el espíritu mediterráneo”.
            Ambas ideologías tuvieron la triste oportunidad de enfrentarse cara a cara en las trincheras durante las guerras mundiales que asolaron el viejo continente en el siglo XX. Aunque el conflicto armado se resolvió a favor de los aliados, el pensamiento autoritario consiguió, no obstante, “merced a la destrucción de una élite de rebeldes”, sumergir “esta tradición libertaria”. Una victoria que Albert Camus consideraba provisional. Para este gigante del pensamiento, “Europa no ha existido nunca sino en esta lucha entre mediodía y medianoche. Sólo se ha degradado abandonando dicha lucha, eclipsando el día por la noche”.
            El profundo sentimiento mediterráneo de Albert Camus le llevó a escribir unas bellas palabras sobre el compartido mare nostrum. Él sitúa la juventud del mundo en las costas mediterráneas. “Arrojados a la innoble Europa donde muere, privada de belleza y amistad, la más orgullosa de las razas, nosotros mediterráneos seguimos viviendo de la misma luz. En el corazón de la noche europea, el pensamiento solar, la civilización de doble faz, aguarda su aurora. Pero está alumbra ya los caminos de la verdadera soberanía”. Sin embargo, vemos como en estos años de profunda crisis multidimensional, la sombra de medianoche se proyecta sobre los países mediterráneos (España, Italia, Grecia, etc…). Un enorme eclipse impide la llegada de la luz al mediodía europeo. La noche se hace eterna en los países del sur. Y sin embargo, la lucha continúa. Tuvo que ser precisamente en la “Puerta del Sol” de Madrid donde llegó el primer rayo solar para demostrar que la tradición libertaria sigue viva. ¿Dónde sino podía despertar este sentimiento de lucha? ¿En que lugar podía verse de nuevo la luz de la esperanza en un mundo distinto, más justo y democrático?.
            La lucha, en estos momentos económica, entre los países del norte y del sur de Europa, entre mediodía y medianoche, alcanza altas cotas de virulencia. Los alemanes siguen sin entender el secreto que, según Albert Camus, guarda el Mediterráneo: el amor a la vida. Vivimos en el lugar, “donde la inteligencia es hermana de la dura luz” (Camus dixit). Por su parte, Alemania y el resto de países norteños aportan unos valores no menos importantes: la constancia, el tesón, el autoexamen constante, etc…Tal y como comentaba con acierto Albert Camus, “no se trata de despreciar nada, ni de exaltar una civilización contra otra, sino de decir simplemente que existe un pensamiento del que el mundo actual no podrá prescindir ya por mucho tiempo”.  Este pensamiento imprescindible es el que encarna los países ribereños de Europa, ahora amenazado por males ajenos y propios. Sí, señores. No todo es culpa de nuestros vecinos del norte. España, por poner un ejemplo, ha estado dominada durante década por la hibrys, -la desmesura-, en forma de despilfarro, corrupción, la pérdida del sentido del límite en todos los órdenes de la vida. Ahora nos toca el castigo  a tanta desmesura. Ha llegado el momento de recuperar el equilibrio por la instauración del reino de Némesis, la diosa de la mesura, con el fin de devolver al individuo dentro de unos límites razonables. No obstante, conviene matizar que la locura colectiva que hemos sufrido en estos últimos años no ha afectado ni ha beneficiado a todos por igual. A este respecto, Albert Camus decía en su referida obra “El Hombre Rebelde” que en las situaciones de desmesura, “el hombre no es enteramente culpable, no comenzó la historia; ni totalmente inocente, puesto que la continua”.
            Europeos del norte y europeos del sur nos necesitamos mutuamente. Somos el contrapeso que ambos requerimos para frenar nuestra tendencia a la desmesura, bien en el sentido de la excesiva rigidez, o bien de la irreflexiva volatilidad. Esta confrontación entre la mesura y la desmesura es la que, en palabras de Albert Camus, anima la historia de Occidente, desde el mundo antiguo. Los alemanes tienen mucho que aprender de españoles, griegos e italianos en cuanto al sentido de la naturaleza, el amor a la vida, el ansia de libertad, el apoyo mutuo, la descentralización burocrática, el sentido de la amistad, el disfrute de los placeres cotidianos, etc…; en sentido inverso, los países del sur tenemos que tomar de los centroeuropeos su constancia, prudencia en el gasto, laboriosidad, estricta moralidad pública y privada, seriedad en cuanto a los compromisos adquiridos, respeto a las normas y leyes, autocrítica, etc…De la combinación de ambos caracteres puede surgir un nuevo tipo de europeo, capaz de superar el viejo antagonismo entre dos visiones del mundo distintas, pero al mismo tiempo complementarias e indispensables para el futuro de nuestro continente. Si no lo intentamos estamos condenados a vivir en la más profunda y cerrada tiniebla.

martes, 17 de julio de 2012

TU SILENCIO TE HACE CÓMPLICE

José Manuel Pérez Rivera, miembro del 15M ceutí

En el transcurso del XIII Congreso Regional del PP de Andalucía, la Ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Bañez, dedicó buena parte de su intervención para aleccionar a sus correligionarios sobre la postura a adoptar ante los drásticos recortes aprobados por el gobierno popular. Consciente del malestar ciudadano por las medidas adoptadas en el último Consejo de Ministro comentó que “habrá algunos que se resistan al cambio, pero la mayoría silenciosa de buenos españoles afrontarán los esfuerzos con aplomo y serenidad”. Frase, sin duda, memorable, pero no novedosa. El recurso retórico a la llamada “mayoría silenciosa” procede de un conocido discurso pronunciado por Nixon, en el año 1969,  para salir al paso de las crecientes protestas de un amplio sector de la población estadounidense contra la Guerra de Vietnam.
Unos meses antes del discurso de Nixon, había tenido lugar  en Francia la revuelta estudiantil que conocemos como “Mayo del 68”. Tal y como cuenta el gran historiador Josep Fontana, en su último libro “Por el bien del imperio” (editorial Pasado y Presente, 2011), el conflicto social llegó a tal extremo que De Gaulle, agobiado y desbordado por la situación creada, desapareció. La mayoría de los franceses pensaron que se había retirado a una de sus residencias privadas, aunque realmente lo que hizo fue entrevistarse con altos mandos del ejército francés para recabar su apoyo, por si fuera necesario reprimir el levantamiento ciudadano. Contando con el respaldo de los militares De Gaulle anunció la disolución de la Asamblea Nacional. La respuesta fue la organización de una manifestación en su apoyo que, según nos cuenta Josep Fontana, fue respaldada por un millón de personas. En esta manifestación se exhibieron  “pancartas contra la revolución en que decían: “El pelirrojo- Cohn-Bendit- a Pekín”, “la mayoría somos nosotros”, “los silenciosos estamos hartos” (Fontana,  2011: 384).
  ¿Pudo Nixon inspirarse en las proclamas de esta manifestación en Francia para acuñar el término de “mayoría silenciosa”?. Lo desconocemos. Pero sí sabemos que desde entonces la derecha ha echado mano del mayoritario sector de la población que se mantiene al margen de la política, -desde la indiferencia a los problemas sociopolíticos y económicos que acontecen en su país-, para respaldar y legitimar sus decisiones. El silencio es, pues,  interpretado por los políticos como una conformidad implícita a la acción de su gobierno. Un conformismo de los “buenos españoles”, en palabras de la Ministra Bañez, que se contraponen a los “camorristas", “golpistas”, “perroflautas” y "demagogos" del 15M, según los calificó la Sra. Esperanza Aguirre. Esta última llegó incluso a amenazar con movilizar, como hizo De Gaulle, a las bases de su partido para hacer frente en las calles a los integrantes del movimiento 15M.
El pulso entre mayoría silenciosa y minoría discrepante es tan antiguo como la democracia. En los EE.UU, cuna de la democracia moderna, surgieron pronto voces críticas con el poder de las mayorías. Henry David Thoreau, en su conocida obra “Desobediencia Civil” (1849), comentaba que “un gobierno en el que la mayoría decida en todos los temas no puede funcionar con justicia, al menos tal como entienden los hombres la justicia”. Para Thoreau la obligación de todo hombre es “la de hacer en cada momento lo que crea justo”. Justicia, verdad y razón, por tanto, son los principios por los que apostaba Thoreau, de ahí que llegará a escribir una frase ciertamente genial que contiene la esencia de su pensamiento: “Un hombre con más razón que sus ciudadanos ya constituye una mayoría de uno”. Esta idea refuerza la importancia de una minoría que tenga la verdad de su lado. Así, según Thoreau, “una minoría no tiene ningún poder mientras se aviene a la voluntad de la mayoría: en ese caso ni siquiera es una minoría. Pero cuando se opone con todas sus fuerzas es imparable”.
En una sociedad, como la nuestra, dominada por la uniformidad mecánica y lo cuantitativo por encima de lo cualitativo no es de extrañar que cuenten más los números que las personas. Ya lo dijo Antonio Machado, a través de su célebre Juan de Mairena, “por muchas vueltas que le doy no hallo manera de sumar individuos”. Lo importante ya no es tener razón, sino la cantidad de personas que coincidan en torno  a una idea, aunque ésta sea absurda, inconsistente o disparatada. Las masas atomizadas y acríticas, tal y como presagió Ortega y Gasset, se han convertido en la coartada que utiliza la clase política para imponer su voluntad y defender los intereses de su casta y de los que detentan el poder económico en este país.
La falta de canales de participación política en España, junto con el simulacro democrático que impera en España, donde los ciudadanos no tienen la posibilidad de ejercer directamente el poder ni  existe una distribución igualitaria de este poder entre todos sus miembros, lleva a que los políticos se erijan en los únicos capacitados para hablar en nombre del pueblo. Una supuesta legitimidad otorgada por las urnas cada cuatro años que carece de fundamento, ya que muchas de las decisiones adoptadas por el gobierno fueron intencionadamente ocultadas a los ciudadanos en la campaña electoral. Este planteamiento refuerza la demanda de los partidos políticos que como IU reclaman un referéndum para que la ciudadanía se pronuncie a favor o en contra de las medidas draconianas aprobadas por el gobierno del PP. Si tan seguro están de contar con el beneplácito de los “buenos españoles” que conforman “la mayoría silenciosa”, ¿Por qué no les dan la oportunidad de hablar?. Igual se llevan una sorpresa.  
Ha llegado el momento de romper las ataduras mentales e ideológicas que impiden a los ciudadanos expresarse con libertad e independencia. Es tiempo de dejar atrás la pasividad, el individualismo narcisista, la abulia, el servilismo, la pereza mental, la subordinación a la máquina, el conformismo y emprender el camino del empoderamiento colectivo. Hagamos caso del poema anónimo “no dejes de soñar” que nos incita a que no caigamos “en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en su silencio espantoso. No te resignes. Huye”. Mantenernos en silencio nos hace cómplices y le damos la oportunidad a los poderosos para que utilicen nuestro silencio a su favor. Callar en estos momentos, como nos recuerda Federico Mayor Zaragoza,  se ha convertido en un delito: “silencio de los silenciados, de los amordazados. Silencio de la ignorancia. Terrible silencio. Pero más terrible, hasta ser delito, el silencio culpable de los silenciosos. De quienes pudiendo hablar, callan. De quienes sabiendo y debiendo hablar, no lo hacen” (Mayor Zaragoza, F: Delito de silencio, Ed. Comanegra, 2011). 
Permítanme terminar con el desgarrador mensaje que nos ha legado Antonio Gramsci contra los indiferentes y los silenciosos: “…Odio a los indiferentes también porque me molesta su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos por cómo ha desempeñado el papel que la vida le ha dado y le da todos los días, por lo que ha hecho y sobre todo por lo que no ha hecho” (Gramsci, A: Odio a los indiferentes, Editorial Ariel, 2011).

martes, 12 de junio de 2012

EL NIHILISMO ANTIHISTÓRICO DEL PODER POLÍTICO EN ESPAÑA

José Manuel Pérez Rivera, miembro del 15M ceutí

            Como historiador no dejo de sorprenderme por la ignorancia de la que hacen gala nuestros políticos sobre los conceptos básicos de la condición humana, sobre todo de aquellos relacionados con el espacio temporal. Desconocen, tal y como expuso Korzybski (1933), que el hombre es un animal vinculado al tiempo: un ser que vive en tres dimensiones del tiempo y del espacio. Sin esta profundidad temporal, -producto de la cultura humana.-, el presente sería tan insignificante que llegaría a ser inexistente. En la misma línea, Lewis Mumford, en “The conduct of life” proclamó que “el hombre vive en la historia, vive a través de la historia, y en cierto sentido, él vive para la historia, ya que gran parte de sus actividades se dirigen hacia la preparación de un futuro desconocido. Sin la fe animal en el pasado que él ayudó a hacer y en el futuro que está todavía haciendo, la vida humana se reduciría en todas sus dimensiones”.
            Pongamos algunos ejemplos del sentimiento antihistórico de nuestros gobernantes. Empecemos por lo expresado por el entonces candidato a la presidencia, el Sr. Rajoy, durante un mitin celebrado en la localidad madrileña del Leganés. En aquellos días, el hoy presidente del gobierno de España lanzó una crítica a los que “están en el pasado”, refiriéndose, sin citarlos expresamente, a los socialistas. Para el Sr. Rajoy, los del PSOE “miran al siglo XX y allí se han quedado”. Por el contrario, su partido, el PP, tiene su vista puesta en el “futuro” para “acabar con el desempleo y atender los problemas de la gente”. Y a continuación pronunció una frase antológica: “mirar al pasado y quedarse en la historia es el mejor procedimiento para no afrontar el futuro”. Curiosa frase, pero no novedosa en cuanto a su contenido. Ya en el siglo XVIII, según cuenta Mumford en “la condición del hombre”, los políticos reformistas utilizaban eslóganes parecidos: “el pasado no tiene nada que enseñarnos; la historia es sólo un registro de supersticiones, fraudes, miserias y mentiras”. Llevado a tiempos más tiempos recientes, Mumford se refiere al hecho de que a mediados del siglo pasado, en su país, EE.UU, “se vulgarizó el decir que sólo la historia contemporánea es importante, cuando la verdad es que toda historia es importante porque  es contemporánea y nada lo es más que esas parcelas ocultas del pasado que todavía sobreviven sin que nos demos cuenta de su diario impacto. Aquel que sólo conoce los acontecimientos de la última generación o el último siglo sabe menos de lo que está sucediendo o lo que está a punto de tener lugar”.
            Pensamos que merece la pena plasmar aquí el desarrollo que hace Mumford  de la idea anteriormente expuesta. Según este célebre pensador, -poco difundido en nuestro país-, a diferencia de lo que opina nuestro “ínclito” presidente del Gobierno, “la humanidad nunca ha llevado consigo lo suficiente de su pasado. De ahí una tendencia a estereotipar algunos pocos tristes momentos del pasado  en lugar de meditarlos y evaluarlos constantemente, de revivirlos in mente. Sólo por esta acción de recapturar deliberadamente el pasado se puede escapar a su influencia inconscientes…Alargando la perspectiva histórica se gana el poder de sacudirse las parcialidades y relatividades de la propia sociedad inmediata; de la misma manera, enfrentando la totalidad de la experiencia humana, se llegan a percibir los elementos que la moda o el hábito de la propia época peculiar pueden haber descuidado: elementos arcaicos, elementos prístinos, elementos irracionales, mutaciones descuidadas y reliquias ocultas, a menudo pasadas por alto por los sabios en su demasiada estrecha sabiduría”.
            Esto es lo que nos dejó dicho Mumford sobre el pasado, ¿Y sobre el futuro?. Pues que “el verdadero futuro es la continuación mecánica del pasado. De un momento a otro, la inercia del pasado puede ser alterada por nuevos factores que surgen de adentro y fuera de la personalidad humana. La creación y selección de nuevas potencialidades, la proyección de fines ideales son, con referencia al futuro, la contraparte de un comercio inteligente con el pasado. El descuido del ideal lleva sólo a la práctica escondida del dar al presente un significado ideal que no posee”. La reflexión del concepto de futuro, junto a lo que hemos visto sobre el pasado y el presente, llevaron a Mumford a dejar una frase también memorable, en el aspecto más positivo del término, que sirve de perfecto contrapunto a lo expresado por el Sr. Rajoy: “si no tenemos tiempo para comprender el pasado no tendremos la visión para dominar el futuro: porque el pasado no nos deja nunca y el futuro está a las puertas”.
            Desde esta perspectiva se entiende el nihilismo antihistórico que caracteriza al gobierno del PP. Han emprendido una absurda huida hacia adelante para evitar un pasado, incluso el más inmediato, que pone en entredicho su gestión política y contradice las promesas realizadas en su campaña electoral. Un pasado cercano de España, además, plagado de corrupción, especulación inmobiliaria, despilfarro e ineptitud. De ahí comentarios como los del vicesecretario general de Organización y Electoral del PP, Carlos Floriano, que ante el caso Bankia declaró que las responsabilidades que se demuestren en su momento deberán dirimirse pero que ahora "hay que mirar al futuro". O la no menos elocuente  declaración del Sr. Guindos en la rueda de prensa que ofreció el pasado sábado para anunciar el rescate al sector financiero español: “los problemas del sistema bancario no se generan en cinco meses, pero hay que mirar hacia adelante".
            El gobierno actual está instalado en un presente construido a base de mentiras y falsedades, a la vez que se ve asediado por un pasado que le persigue sin descanso. No entiende que, -como expuso el conocido matemático A.N.Whitehead-,  "todo pasado se incorpora a lo actual, ya sea en forma positiva o negativa, por más indirecta que pueda ser la relación, y todo futuro es necesariamente referible a lo actual"(Enjuto, 1969).  De modo que, tal y como manifestó Lewis Mumford, -en un pasaje de su libro autobiográfico “My Works a and Days. A Personal Chronicle”-, “el futuro no es un página en blanco, ni tampoco es un libro abierto. La noción actual de que uno sólo tiene que medir las tendencias existentes y proyectar, en una escala mayor, las fuerzas e instituciones que dominan nuestra sociedad actual a fin de obtener una imagen real del futuro se basa en otro tipo de ilusión, la ilusión estadística. Este método sobreestima aquellos elementos del presente que son observables, mensurables y de gran alcance, y pasa por alto muchos otros factores que son ocultos, desmedidos, irracionales”. Guiado por esta idea Mumford solía decir que él era pesimista en cuanto a las probabilidades, pero optimistas en cuanto a las posibilidades. De ahí que un papel fundamental de movimientos como el 15M sea repensar el pasado y criticar el presente para plantear nuevos caminos que recorrer a través del pensamiento y la acción decidida del hombre. El 15M forma parte de aquellos elementos que pueden frenar la inercia de la historia y dar un giro inesperado a la humanidad. Yo confío en ello.

jueves, 7 de junio de 2012

MÁS EUROPA, PERO ANTES MÁS PLAZA

José Manuel Pérez Rivera, miembro del 15M ceutí

Son muchas las voces entre la clase política española que proclaman, ante la crisis económica que nos acecha, que la solución es más Europa. El deseo que subyace tras estas palabras es acelerar la  delegación de competencias económicas e incluso políticas a los órganos de gobierno europeo. Según los apologetas de esta doctrina, la solución a la crisis del euro pasa por una mayor integración de las políticas fiscales, financieras y bancarias. Serían, por tanto, los tecnócratas de la Unión Europea quienes pasarían a controlar las finanzas y presupuestos de los países miembros del eurogrupo. Mientras que esta idea cobra cada día más fuerza entre los prebostes de la UE, los ciudadanos permanecen perplejos ante la incapacidad manifiesta de los llamados representantes del pueblo para reconducir la maltrecha situación económica del país. El mismo Ministro de Economía, el Sr. de Guindos, declaró hace unos días que “España ha hecho todo lo que estaba en su mano”, admitiendo con estas palabras que el futuro del país estaba en manos de otros.
            Si tomamos como punto de referencia la definición de democracia planteado por Takis Fotopoulos, para quien este sistema político “no significa otra cosa que el ejercicio directo del poder por parte de la ciudadanía”, llegaremos fácilmente a la conclusión que vivimos en una auténtica oligarquía que está experimentando  una rápida degeneración en una plutocracia de ámbito internacional y europeo. Lo hemos visto esta misma semana, cuando los miembros del G-7 mantuvieron un teleconferencia para debatir sobre la crisis bancaria en España. Son este reducido grupo de personas en torno a una mesa quienes tienen en sus manos los designios del mundo. Y estos sólo son los que dan la cara, pues es de sobra conocido que si ocupan estas sillas es gracias al dinero que han aportado los directivos de las grandes empresas, -los verdaderos amos del mundo-, para financiar sus respectivas campañas electorales.
            Lejos han quedado los sueños de un universalismo basado en la fraternidad humana que hicieron posible la creación de la ONU y otros organismos internacionales. Este propósito ha sido desplazado o anulado por los espurios intereses de las grandes corporaciones internacionales. Tanto es así que según denuncia la Alianza ¿Economía Verde¿ ¡Futuro Imposible! “existen ejemplos claros y muy preocupantes sobre cómo las principales empresas están influenciando las decisiones de la ONU, algo completamente escandaloso. Es necesario acabar con este predominio empresarial y con las alianzas entre la ONU y diferentes empresas, más aun cuando muchas de éstas están involucradas en violaciones a los derechos humanos”.
            Ha llegado el momento de regar aquella semilla del universalismo que fue plantada en el siglo XIX, pero que quedó enterrada por el peso de dos guerras mundiales. Los principios que harían viable este anhelo de unidad mundial fueron expuestos, entre otros por Lewis Mumford. En su obra “The conduct of life”, dejo dicho que la tarea de los próximos generaciones sería descubrir o inventar “una moral universal, como base del amistoso intercambio político; un lenguaje universal, enseñado como segunda lengua a todos los niños en todas las escuelas, para hacer posible la comunicación mundial; un gobierno mundial, con un capital mundial en todos los continentes, transmutando las luchas nacionales y los conflictos, que seguirán de alguna forma existiendo, en hábitos de ley y orden, de moderación y positiva cooperación; una ciudadanía mundial para todos los seres humanos en el planeta, con incremento de la energía y el tiempo dedicado a los viajes y las relaciones a escala mundial, y el intercambio de los trabajadores y los estudiantes. Para suplir un universalismo basado en la mera uniformidad mecánica y en una ruptura de las barreras físicas en tiempo y el espacio, debemos crear un universalismo basado en la riqueza espiritual y la variedad de los hombres: unidad en la diversidad que lograremos trabajando juntos para fines comunes. Al margen que pueda llegar, en la plenitud de los tiempos, una religión verdaderamente universal”.
            La apuesta de Mumford por el establecimiento de una cultura y gobierno mundial dista mucho de la globalización imperante en nuestro tiempo. Para este preclaro pensador se tienen que dar una serie de condiciones previas: la primera consiste en una transformación del propio ser humano que pasa por “el retiro, el desapego, la simplificación, la reflexión y la liberación del automatismo”. Una vez que hayamos acometido este proceso de automejora es cuando, según Mumford,  tenemos que retornar al grupo y unirnos con los que han sido sometidos a una regeneración como ésta y son por ello capaces de asumir la responsabilidad y tomar la acción. Precisamente, esta superación de las barreras del espacio, el tiempo y la cultura se están dando de manera espontánea por todos los rincones del planeta. En unos lugares se llama primavera árabe, en otros 15M, Occupy Wall Street o el más reciente movimiento  #YoSoy132 de México.
            La otra condición que considera Lewis Mumford imprescindible para la construcción de una cultura mundial es la restauración de la escala humana. Para Mumford, “la misma extensión del rango de la comunidad en nuestro tiempo, a través de organizaciones nacionales y mundiales, sólo aumenta la necesidad de construir, como nunca antes, las íntimas celdas, el tejido básico, de la vida social: la familia y el hogar, el vecindario y la ciudad, el grupo de trabajo y la fábrica. Nuestra civilización actual carece de la capacidad de autodirección, ya que se ha comprometido a las organizaciones de masas y ha construido sus estructuras desde arriba hacia abajo,- principio de todas las dictaduras y absolutismos-, en vez de desde abajo hacia arriba: es eficiente dando órdenes e imponiendo la obediencia y prestando la comunicación unidireccional; pero en lo principal sigue siendo inepta en todo lo que implica reciprocidad, ayuda mutua, la comunicación bidireccional, el dar y tomar”.
Amplia Mumford esta idea diciendo que “no importa cuanto mundial e inclusiva sea el ámbito de cualquier asociación o institución. Ya se trate de un sindicato o una iglesia o un banco, tiene que ser, en el núcleo central, una forma orgánica de asociación: un grupo lo suficientemente pequeño para la intimidad y para la evaluación personal, tanto que sus miembros puedan reunirse con frecuencia como un cuerpo y conocer a los otros bien, no como unidades, sino como personas”. Unos grupos que deben ser lo suficientemente pequeño como para la rotación en los oficios y funciones; y para mantener reuniones directas, en las que la discusión y el debate discurran sobre la base de la comprensión íntima. Para Mumford, “todas las comunidades orgánicas de mayor tamaño, idealmente, estarían formadas por la federación de unidades más pequeñas: cualquier otro método no es más que una solución provisional y mecánica, destructiva de todo propósito de asociación”.
            La idea fundamental que sobrevuela la densa obra de Lewis Mumford es la necesidad del equilibrio en todos los órdenes de la vida, la cultura y la sociedad humana. Aparejado a este concepto aflora la percepción de que toda asociación tiene un límite natural de crecimiento. Basándose en los estudios sociológicos de Le Play, Charles Horton Cooley o Clarence Perry, Mumford insistió en que la limitación del tamaño es un atributo esencial de todo grupo orgánico: “la verdadera alternativa a las grandes y rígidas organizaciones es limitar el número de personas en el grupo local, y multiplicar y federar a estos grupos”.
            Si se da este retorno a la escala humana y se recuperan las relaciones personales, -disueltas y enfrentadas por el sistema capitalista-, tal y como fomentan los movimientos sociales a los que estamos asistiendo en los últimos años, podremos avanzar hacia la construcción de un gobierno y una cultura mundial que destierre la atomización, la uniformidad mecánica, el individualismo y el conformismo que impera en la sociedad actual. No hacerlo así nos condena a continuar por una senda marcada por el distanciamiento entre la ciudadanía y los órganos de poder. Un escenario donde el poder cada día más centralizado impondrá al conjunto de la sociedad la voluntad de una exigua minoría de tecnócratas, ávidos empresarios y políticos corruptos. El principal objetivo, por tanto, de movimientos como el 15M tendría que ser combatir el exceso de centralización, al mismo tiempo que construye la base un nuevo orden mundial desde la promoción de la autoeducación y la autonomía personal. Llegará el tiempo de más Europa, pero ahora toca más plaza.

miércoles, 30 de mayo de 2012

BANKIA Y LA ÉTICA DE LA IRRESPONSABILIDAD


José Manuel Pérez Rivera, miembro del 15M ceutí

Dicen que para conocer a una persona de verdad hay que observarla en un momento difícil. Esto mismo puede aplicarse a las organizaciones privadas o públicas. Entre estas últimas destacan por su importancia los estados. En el caso de nuestro país estamos inmersos en una tormenta financiera que tiene a la mayor de los españoles desconcertados e indignados. Muchos nos preguntamos cómo puede ser que la cuarta entidad bancaria de España se encontrara en quiebra técnica sin que la opinión pública y los propios accionistas tuvieran conocimiento del enorme boquete que se había creado en las cuentas de este conglomerado financiero. Ahora que se ha descubierto el pastel, el gobierno ha extendido un cheque en blanco para que el nuevo gestor de Bankia, el Sr.  José Ignacio Goirigolzarri, tape el impresionante hueco aparecido en el balance contable. Con el cheque en la mano, el Sr. Goirigolzarri  se reunió hace unos días con el consejo de administración de Bankia y entre todos decidieron poner en el cheque la bonita cifra de 23.500 millones de euros. Con  el cheque en el bolsillo, el gestor de Bankia, sin cortarse un pelo, declaró ante los medios de comunicación que no pensaba devolver el dinero público que generosamente le va a entregar el gobierno en nombre todos los españoles. Y esto ocurre tan sólo un par de días después de una huelga general en la enseñanza organizada para protestar por los recortes previstos en el sector educativo español. La perplejidad de los ciudadanos es absoluta. ¿Cómo puede ser que nos diga el ministro de Educación que los recortes son inevitables, -por la mala situación económica que sufre el país-, y al mismo tiempo el gobierno al que pertenece entregue cheques en blanco a los mismos que han provocado esta crisis?. Pero la indignación no queda ahí. Lo que subleva el ánimo de los españoles es que no se quieran dar explicaciones ni depurar responsabilidades.
            Giovanni Sartori, en el apéndice a su conocida obra “la sociedad multiétnica”, reflexiona sobre los conceptos de ética de la intención y ética de la responsabilidad. Ambos términos fueron acuñados por Max Weber, para quien, en la traducción de Sartori, la cuestión es “si el valor en sí del actuar ético-la intención-debe bastar a su justificación…O si se debe tomar por las consecuencias del actuar, del preverse como posibles o probables”. Llevado estos principios al campo de la política, resulta evidente, tal y como expone Sartori, que los ciudadanos “estamos sometidos a decisiones tomadas por los que están en las alturas para ellos”. Por tanto, “no soy yo quien decide por mí, sino otros (unos pocos otros) los que deciden sobre mí. Y en ese caso es verdaderamente crucial que los políticos actúen responsablemente teniendo en cuenta los efectos de sus actos. Pero esta situación se da sólo en el contexto de una ética de las consecuencias y no se da en el contexto de una ética de las intenciones. A la luz de la ética de los principios el político que produce desastres se queda tan tranquilo. Su defensa es: mis principios y mis intenciones eran buenos, y yo respondo sólo de su pureza. ¿Demasiado cómodo?. Sí. Pero es peor que eso. Es que la ética de las intenciones aquí demuestra ser una ética de la irresponsabilidad”.
            No es causal que los dos filósofos que más han reflexionado sobre la ética de la responsabilidad, Max Weber y Hans Jonas, fueran alemanes. En este país los políticos están acostumbrados a asumir las consecuencias de sus actos. En Alemania resulta intolerable que quien comete una falta contra la moral, por nimia que sea, pueda proseguir ejerciendo un cargo público. Por el contrario, en España los políticos imputados por corrupción son generalmente amparados por sus respectivos partidos alegando su presunción de inocencia. Aquí nadie asume responsabilidades por las decisiones políticas que adopta contra el sentido común y las leyes. La incompetencia y la falta de escrúpulos morales son premiados con ascensos en la estructura jerárquica del partido o de la administración.
            En el caso de Bankia y otras entidades financieras las responsabilidades recaen sobre todo el cuerpo político y sindical de nuestro país. Los principales partidos políticos de España (PP, PSOE, IU, CIU, PNV, etc..) y las centrales sindicales más influyentes (UGT y CC.OO) han tenido representantes en los consejos de administración de las cajas intervenidas. Todos, sin excepción, han aprobado las cuentas anuales que ahora se han demostrado fraudulentas. Y todos se han llevado sus buenas dietas por asistencia a los consejos de administración (200.000 € anuales por barba en Bankia). Ellos también han sido los responsables de los créditos que han otorgado las cajas de ahorro a las administraciones para financiar los más disparatados proyectos, desde grandes complejos lúdicos (Terra Mítica, Isla Mágica, etc..) hasta aeropuertos sin aviones. Vemos, pues, que estamos a una verdadero proceso de desmoralización que afecta a los principales estamentos de la sociedad española. El añorado José Manuel Vidal Beneyto expuso con claridad este problema en su obra póstuma, titulada precisamente “la corrupción de la democracia”. Su denuncia de la putrefacción del sistema no se queda en el estricto ámbito individual, sino que comprende “las conspiraciones colectivas, en las que las principales fuerzas políticas de un país, en plena armonía mafiosa, se ponen de acuerdo para timar a los ciudadanos”. Como ejemplo pone el caso de los hermanos Sananés, en Francia, gracias al cual se descubrió que un grupo de empresas repartía el 2 % del volumen de los contratos de obras adjudicados por el estado entre las principales fuerzas políticas del país. Con ello conseguían el silencio y la connivencia de la clase política  francesa, y estos a su vez una vía de financiación de sus partidos.
            España, tal y como denunció Vidal Beneyto, no está al margen de este “pacto nacional de los corrompidos y el silencioso transvase del dinero público a las fortunas privadas”. El supuesto milagro económico español, iniciado a mediados de los años noventa de la mano del boom inmobiliario, no hubiera sido posible sin la connivencia de políticos, banqueros, constructores y promotores. Cada cual tenía asignado un papel en esta obra teatral que ha derivado en un autentico drama económico, social y ecológico. Los políticos han sido los encargados de facilitar el negocio mediante la liberalización del suelo, las recalificaciones urbanísticas, la aprobación de los grandes planes de inversión pública y el papeleo burocrático. Por su parte, los banqueros ponían la pasta para financiar las obras y facilitaban los créditos hipotecarios a los ingenuos ciudadanos. Y por último, los promotores y las empresas de construcción, que se lo llevaban calentito y repartían bajo cuerda parte de los beneficios con los políticos para engrosar sus cuentas privadas y la de los partidos políticos.
            La pieza teatral que comenzó como una comedía que nos hacía reír a todos de alegría, dio un vuelco en el segundo acto, iniciado en el año 2008, hacia una tragicomedia cuando estalló la burbuja inmobiliaria, y finalmente en un drama cuyas últimas escenas estamos visionando estos días.  La verdadera faz de los personajes se está desvelando e intentan esconderse tras un biombo para impedir que los ciudadanos contemplemos su putrefacto rostro. Nadie quiere dar la cara y se recuerdan unos a otros, en público o en privado, que todos han tenido un papel en la obra. El espectáculo es bochornoso. El PP no quiere oír hablar de comisión de investigación, el PSOE la pide con la boca pequeña y el Ministerio de Economía le ha recordado, desde el atril del congreso de los diputados, al benemérito diputado Alberto Garzón (IU) que su partido también ha gozado de representación en el consejo de administración de Bankia, con lo que el gobierno pasa a considerarlos cómplices de lo sucedido en esta entidad bancaria.
            Desvelada la trama, alguien tenía que servir de chivo expiatorio y este papel le ha correspondido al gobernador del Banco de España. Total, le quedaba apenas un mes para abandonar el escenario. Eso sí, antes de irse ha sido obligado a firmar un pacto de silencio por “responsabilidad”, dadas las actuales circunstancias. Un silencio que se ha extendido a los medios de comunicación españoles. ¿Qué están haciendo los medios de este país para desvelar la trama que se oculta tras la quiebra de Bankia?. Algunas voces dentro de la profesión periodística están empezando a hacer autocrítica sobre su escasa profundización en las claves del caso Bankia. ¿Cómo puede ser que ningún medio recoja un análisis profundo y riguroso sobre las causas del boquete contable descubierto en la cuarta entidad financiera de España? ¿Será por aquello de quien paga manda?
            En la última escena, a la que estamos asistiendo boquiabiertos e impasibles,  van a subir al escenario los hombres de negro, ataviados con los uniformes del FMI, el Banco Central Europeo y la Unión Europea, para anunciar que este último acto se ha acabado y que a partir de ahora ellos serán los encargados del escribir el guión. Pero esto es ya otra historia que merece un título distinto y una reasignación de personajes. En este nuevo capítulo queda por decidir a los ciudadanos si quieren jugar un papel secundario y pasivo, o si bien desean tomar el control de la situación construyendo desde la base una verdadera democracia en nuestro país. Para ello tenemos que trasladar el escenario de los parlamentos, ayuntamientos y despachos de las grandes empresas a las plazas de nuestras ciudades, impulsando el desarrollo del movimiento 15M.  

sábado, 19 de mayo de 2012

REFLEXIONES SOBRE EL 15M Y LA HUELGA GENERAL EN LA ENSEÑANZA

José Manuel Pérez Rivera

Los integrantes del 15M ceutí mantuvimos un interesante y amplio diálogo sobre la educación en Ceuta. Se trataba, entre cosas, de discutir sobre nuestro apoyo a la convocatoria de huelga en el sector educativo que va a celebrarse el próximo martes, 22 de mayo. Las razones de este paro en la enseñanza fueron expuestas por algunos entusiastas y comprometidos miembros de la comunidad educativa de Ceuta que han decidido sumarse al movimiento 15M. Según expusieron, los recortes en gastos de personal y la supresión de programas experimentales, junto con las reformas educativas anunciadas por el gobierno, van a tener una incidencia muy negativa en la maltrecha educación ceutí. Como se ha dado a conocer hoy mismo, Ceuta vuelve a encabezar el listado de los territorios con mayores índices de fracaso escolar y abandono prematuro de los estudios obligatorios. Ante este penoso panorama no parece lógico ni sensato reducir los medios materiales y humanos para reconducir unos resultados educativos que, de no corregirse, anuncian un futuro no demasiado halagüeño para nuestra ciudad. Dicho esto, alguno de los presentes en el debate quiso ampliar el marco de discusión planteando una crítica al sistema educativo vigente en España. Se trataba de dilucidar si el actual modelo de educación fomenta la democracia o, por el contrario, sirve para perpetuar un sistema socioeconómico injusto, insostenible y deshumanizado.

            Para los más críticos entre los intervinientes en el debate sobre la educación en Ceuta, la enseñanza tal y como se practica en nuestro país, y  en general en la mayor parte de los países de nuestro entorno, es en realidad un instrumento perfecto de absolutismo político, cuya aceptación general, según expuso Lewis Mumford, es “fatal para el ejercicio de un juicio independiente, el disenso crítico o el pensamiento creativo”. Lamentablemente, nuestras aulas, en vez de formar a ciudadanos plenos, conscientes de sus responsabilidades cívicas y críticos con la realidad que les ha tocado vivir, matan cualquier tipo de iniciativa personal y contribuyen a la formación de hombres y mujeres atávicos, individualistas, conformistas, consumistas y acríticos. Justo el tipo de ser humano que interesa para el mantenimiento del vigente modelo económico que nos ha llevado a la actual crisis sistémica.

            El movimiento 15M es plenamente consciente de que la democracia política no será posible si no va acompañada de una democracia económica y educativa. Si la democracia pudo surgir en Grecia hace 2.500 años fue porque supieron unir la cultura espiritual y la moral. Según Werner Jaeger, uno de los más reputados conocedores de la educación o paideia griega, “las cosas humanas a que dirigía su atención culminaban siempre, para los griegos, en el bien del conjunto social, del que dependía la vida del individuo”. Para Sócrates, el verdadero educador tiene que ejercer como un médico de almas para quien el saber es el “alimento del espíritu” y que se preocupa ante todo de conocer qué será provechoso para éste y qué será perjudicial. Por tanto, se trata de una educación que antepone la sabiduría al conocimiento y lo práctico o utilitario al fomento de las virtudes cardinales del ser humano: piedad, justicia, valentía y moderación.

            Esta visión de la educación que representa la enseñanza de Sócrates se vio, ya por aquel entonces, enfrentada a la escuela de los Sofistas. Este tipo de educación, que se ha convertido en la habitual de todos los tiempos y lugares, embute en el espíritu humano, al buen tuntún, toda clase de conocimientos. Tal y como comenta Werner Jaeger, “el movimiento sofista había surgido de la necesidad de dar una cultura superior a la alta capa gobernante y de la elevada valoración de los méritos de la inteligencia humana. La finalidad práctica de los sofistas, la formación de hombres de estado y dirigentes de la vida pública, había favorecido esta nueva orientación en una época como aquélla, preocupada fundamentalmente por el éxito”. Ni que decir tiene que la tendencia marcada por el sofismo es la que se impuesto en la  cultura occidental, siendo desde su dominio un freno insalvable para el pleno desarrollo de la democracia.

            La democracia presupone un alto nivel de cultura y sabiduría moral.  Esto sugiere la idea de hacer de la educación el punto de Arquímedes en el que es necesario apoyarse para mover el mundo político. Este aspecto ha sido recientemente analizado, de manera brillante, por Antoni Brey, Daniel Innerarity y Gonçal Mayos, en el libro que lleva por título “la sociedad de la ignorancia y otros ensayos”. Nosotros en lo que quisiéramos incidir es en la vertiente ética de la educación, lo que nos lleva a reclamar un nuevo modelo educativo que se preocupe de formar a ciudadanos sabios y responsables de sí mismo y del bien de la sociedad en su conjunto. Para hacerlo posible necesitamos un educador comprometido que, siguiendo la doctrina socrática, se dedique a persuadir “a los jóvenes y sus viejos de que no se preocupen tanto ni en primer término por su cuerpo y por su fortuna como por la perfección del alma” (extraído Apología de Platón).

            Somos plenamente conscientes de que una escuela como la descrita con anterioridad no entra en los planes ni de la izquierda, ni de la derecha ni del centro político de nuestro país. Está situada en un plano que se ha empezado a explorar en algunos sectores de la pedagogía en España, de la mano de uno de nuestros más célebres filósofos: Emilio Lledó. Parte de sus planteamientos en materia educativa están recogidos en su obra “ser quien eres. Ensayos para una educación democrática” (2009), un auténtico alegato a favor de la revitalización de la Paideía y el diálogo, además de constituir una sugestiva reivindicación de la memoria. En este libro podrán encontrar la descripción de los principios que pueden conducir a una educación democrática basada en la promoción de la inteligencia y en el aliento de la libertad. Un ideal que comparte el movimiento 15M, o al menos, quienes constituimos el colectivo de los “indignados” ceutíes.

            Para concluir, y respecto a nuestro apoyo a la huelga del próximo martes, tenemos que manifestar que nuestra visión de la educación, -como ha quedado patente a lo largo de este escrito-, está bastante alejada del modelo imperante en nuestro país. Con esta escuela y con esta universidad va a ser difícil construir una sociedad verdaderamente democrática. Por ello exigimos un cambio radical en  el paradigma educativo y la ciudadanía tiene que ser el motor que impulse esta revolución en el sector de la educación. No obstante, sería contraproducente caer en una especie de adanismo irresponsable que desecha todo lo anterior simplemente porque no se ajusta a nuestra visión de la educación. Ninguna persona o colectivo con cierto grado de sensatez tiraría abajo todo lo construido y desecharía los medios humanos y materiales disponibles. Lo inteligente es emprender acciones inmediatas con los agentes a nuestro alcance, tomando posición de las estructuras existentes y utilizándolas para los nuevos propósitos educativos.  Es por este motivo por lo que nos oponemos al desmantelamiento de la educación pública. Aunque no nos guste el funcionamiento del edificio educativo, su estructura es indispensable para la construcción de la educación democrática a la que aspira el movimiento 15M.